Denunciamos las gravísimas violaciones de derechos humanos cometidas como consecuencia de la respuesta del gobierno y las actuaciones de los cuerpos policiales en Catalunya. La represión pura y dura, violenta y cruel, mostró la auténtica cara del Estado en la jornada del pasado 1 de Octubre de 2017. Personas de todas las edades fueron objeto de agresiones de todo tipo y el Servicio catalán de Emergencias Médicas cifra en 850 el número de heridos. Observadores de Derechos Humanos denuncian casos de abuso sexual. Una mujer ha denunciado que, a la vez que le sometían a tocamientos entre risas, dos agentes le rompieron uno a uno los dedos de una mano. Eso se llama tortura. De los dos heridos Graves que permanecen hospitalizados, uno es un anciano víctima de infarto y el otro recibió un balazo de goma en el ojo derecho. Las balas de goma fueron prohibidas en Catalunya gracias a una larga lucha social, pero el pasado 1 de octubre fueron empleadas junto al gas pimienta – como el arrojado contra las vecinas de Aiguaviva, que comían en la plaza del pueblo -, o las mazas y las hachas que derribaron puertas y rompieron cristales. El discurso de «la ley y el orden» demuestra su inutilidad para responder a la desobediencia civil masiva protagonizada por un movimiento popular. Denunciamos esta violencia legalizada y exigimos el respeto a los derechos humanos de todas las personas que viven en Catalunya, como paso imprescindible para abordar soluciones políticas que respeten la realidad de la sociedad catalana. Gritamos NUNCA MÁS y exigimos que, por una de las docenas de veces en que el Estado español ha sido denunciado por violar los derechos humanos y no investigar los casos de tortura y tratos inhumanos, las autoridades responsables de esta violencia desatada con saña respondan ante los organismos internacionales competentes en materia de derechos humanos.

En nuestra ciudad, Zaragoza, en Aragón, en nuestro entorno más cercano, a nuestros vecinos y vecinas, les pedimos que no se dejen llevar por manipulaciones interesadas que colocan en una bandera, sea la que sea, la solución a nuestros problemas. Lo que hace importante y digno a un símbolo es la aspiración de una sociedad más justa, igualitaria, con derechos efectivos, donde todas las personas, sean catalanas, aragonesas, paquistanís, senegalesas, ecuatorianas, chinas o de cualquier parte, puedan vivir con dignidad. Muchas personas y organizaciones que ahora ondean banderas, sobre todo la de España – la demócrata y la fascista -, no comparten esa aspiración de igualdad, justicia y solidaridad que debería estar detrás de cualquier reivindicación social legítima.

 

        NUNCA MÁS. BASTA DE TERROR DE ESTADO

        NUESTROS IGUALES EN CATALUNYA SON EL PUEBLO EN LA CALLE

        ELS CARRERS SERÁN SEMPRE NOSTRES

 

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